lunes, 3 de diciembre de 2012

ÚLTIMO APLAUSO


Como un aplauso nos llegará la muerte"

Dionisio Cañas



Como un aplauso nos llegará LA MUERTE
en ovación cerrada, sonido neto in crescendo
hasta superar el umbral de LA SORDERA.

Sin reconocimiento alguno,
ni calor
ni frío.

SEREMOS

actores huérfanos de la madre ÉXITO
con los ojos clavados en el VACÍO, al fondo, más al fondo, más allá
de las últimas butacas donde las gradas rugen
murmullos sin colmillos, letanías
con la lengua lenta de los lémures
bajo LA CEGUERA de la selva,
con su haz blanco y su envés noche.

Sobre la platea, ANTES
como leves ondas de agua
en el fondo
de un pozo, AHORA
bullen las burbujas de las cataratas de palmadas,
lo turbio opaca lo claro con tantos colores
que llegamos al negro. Desde ahí,

cientos de ojos
nos miran flotando en LO OSCURO.

Suena un clamor gigantesco de carcajadas huecas
como un cacaj de flechas vacío,
y chiflidos histéricos y gritos fanáticos y redobles de botas
sobre pedestales de estatuas anónimas.

Vuelan las flores, singulares o en ramos, pétalos
como cuchillas, espinas de rosas,
aguijones de insectos clavados sobre lirios
y en su vuelo se marchitan y caen livianos
sobre EL ESCENARIO
inmenso escenario del último aliento.

Mil veces corearán NUESTRO NOMBRE
dilatando el sonido primero,
así como un gigante segundo,
cada vez más pesado y lento,
como una hora en un segundo en un día en un segundo
en un millón de años en un segundo.

Cada vez más tiempo dentro de tiempo,
lo tierno: lo eterno en su LIMBO ROJO.

Todo ese ruido imposible,
colapso medido en decibelios,
todo ese refulgir de alaridos incendios,
miles de piropos pirómanos prendiendo la mecha,
del patio de butacas,
hacen arder el teatro:
materia, potencial ceniza.

Odas y Loas revientan sincopadas en el polvorín DEL MUNDO.
Y todo es humo, flashes y pavesas
que se elevan y estallan
como fuegos de artificio.

Todo es estruendo, todo es éxtasis sólido, furor de carne.

Sangran los oídos de los cadáveres, se rompen
las manos, saltan las uñas de los dedos, en carne viva están
las líneas del destino y las huellas dactilares
anuncian LA BORRASCA con sus curvas isobaras.

LA FAMA boreal flota
sobre el público maravillado público
mientras despedazan las butacas
EN LLAMAS
alumbrados por un nadir histérico.

Entonces, un niño asciende las escaleras metálicas
y alcanza la cima del tobogán del SILENCIO.

Le envuelve el siseo de miles de preguntas.

Electrifican el polvo mojado del corazón páramo,
las bambalinas se volatilizan, luciérnagas que emigran,
todo vibra con una longitud de onda cercana al infinito,
imposible definir cualquier segmento en el silbido continuo.

Una línea queda suspendida en un agudo.

Entonces, dentro del INSTANTE TOTAL
de todo los latidos, todos los abrazos, todos los besos, todos lo sueños...
todo se concentra
en un
solitario
ÚLTIMO APLAUSO:
una superviviente molécula de oxígeno
recorriendo EL FILO DEL FIN, inabarcable organismo
con toda la vida de todos los vivos
vitoreando al unísono
dentro de la caja de música más pequeña del mundo.

Queda ese milagro. La vida GIRANDO Y SONANDO. Por siempre.

Pero YA NO estaremos ahí para escucharlo.

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