sábado, 30 de enero de 2016

RESEÑA DE A VIVA MUERTE EN LA OPINIÓN DE MURCIA

Estertores poéticos

En A viva muerte, el último poemario de David Trashumante, asistimos, frente a corrientes más tradicionales y numerosas, a un verdadero retorcimiento del verso que genera a través de sus numerosos poemas una tensión lingüística: la ruptura entre la vida y la muerte, esto es, el camino hacia el limbo existencial. En ese sentido, el libro, que en la actualidad ha llegado a su segunda edición, nos sumerge de lleno en lo efímero desde una doble propuesta transdisciplinar que abarca diferentes estilos literarios en un viaje que va de lo tradicional a lo trash y, por otro lado, que amplía su discurso mediante la inclusión de enlaces de internet mediante código QR, propuestas de meditación, y esquelas, entre otros elementos. De este modo, Trashumante interactúa con el lector e impacta, de alguna manera, en su vida como el arma cargada de futuro que es la poesía: «Queda ese milagro: / la vida gritando y sonando. / Por siempre. // Pero ya no estaremos ahí para escucharla» (p. 132).
De hecho, desde “Libro de condolencias”, una recopilación de impresiones sobre el poemario, asistimos a un acontecimiento anunciado, como si del Oráculo de Delfos se tratara, sobre el fallecimiento, aunque más bien sea un asesinato, de la poesía. La podredumbre invade las páginas con toda su fatalidad en poemas como “La reencarnación”, que da cuenta de todos los que murieron para llegar hasta este final, o “Contra mi nación”, una emotiva y triste demostración de cómo ya nacer bajo unas condiciones determinadas significa directamente morir. Sin embargo, en poemas como “La viuda” o “Última hora”, pervive un sentimiento esperanzador, incluso humorístico, con el que seguir luchando a contracorriente.
Porque, si alguien ha asesinado a la poesía hemos sido nosotros al no luchar, al permitir que el sistema capitalista haya proliferado sin fin. De este modo, Trashumante introduce poco a poco una vía más política, de concienciación crítica, propia de Voces del Extremo, que busca dar voz, como decíamos antes, a los problemas sociales sobre los que nadie quiere hablar. Y aquí reside, desde luego, uno de sus grandes logros, a saber, la traducción certera de la mirada personal en poemas que tratan lo universal de una manera cercana: «si aprendemos a mirar desde otra visión que no sea la de acomodado/resignado a la muerte/al sistema/a lo establecido/ al capitalismo impuesto» (p. 150).
En última instancia, los versos de A viva muerte chisporrotean en el fondo del abismo, llaman a la acción urgente: «Hoy, moriría por la vida» (p. 45).

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