viernes, 30 de noviembre de 2012

ANIQUILACIÓN DE LOS POETAS CARACOLES ZOMBIES

 
A Ricardo Moreno Mira, por anunciarme
que Carrefour es el anticristo y darme el tono.


1.

La poesía(1) son lxs hijxs andróginxs y hermafroditxs
de la bolsa endogámica de caracoles poetas.
La poesía es ese polvo que no echan, andróginxs y hermafroditxs
caracoles salpicándolo todo de babas y sangre,
de pústulas, de pus saltando como gotas de pus por los aires
de los institutos cervantes
a las casass poetas dentro de su bolsa endogámica, donde por echar
sólo echan baba ignota menos visible que el Bosón de Higgs:
polvitos mágicos que estallan dentro
de gigantescos aceleradores-cerebros que rebosan
de las probetas su gelatina grisácea
que quiebran con su gelatina grisácea
las rígidas lápidas de polvo apelmazado por cientos de años
con los nombres marmóreos de lxs intelectuales y su saber
de polvo que en polvo se convierte mas polvo enamorado
de si mismos.

Y lxs poetas somos, como digo, estos caracolxs babosxs
sus fetos no natos, sus muertos en vida, en definitiva
sus zombis.

Y como caracoles zombies que somos
paseamos nuestra carne andrajosa
de recital
en recital
de américa
infectando a la nada en nombre de los nadie.
Y aun hambriento el corazón, dilatado el estómago, salivando la boca
nos vamos a cenar todas juntas después del recital de turno.

Como buenos caracoles zombies, entre risas y copas
lentamente, con sigilo de entrañas gelatinosas
nos devoramos los brazos, pacientemente nos abrimos el torax
a bocados y nos lamemos la sangre ennegrecida
pegada en las costillas, masticamos nuestras lenguas rancias
al recitar nuestros versos podridos, exprimiéndole el entendimiento
al caracol zombi que se sienta al lado.

Nos descalabramos los cráneos lazándonos
nuestros propios corazones duros como piedras
en ese ritual de la lapidación verbal denominada
fraternidad.

Y después seguimos, voz en grito.
Declamamos sin dientes, declamamos cosidas las bocas,
desgarrando las costuras de los labios, sangrando
baba verde de caracol zombie, dejando un enorme reguero
de baba verde de caracol zombie, de gran caracol zombie
heridx por las estrellas ahogadas en el río caudaloso
de baba verde de la noche en la ciudad
y sus miles de millones de ventanas azuladas
parpadeando a la hora de la tele, al minuto de la tele, al segundo de la tele
con familias enteras reflejando en sus pupilas humanas y negras,
sus imágenes reflejo coloreadas por el guión,
cenando un buen plato de caracoles en familia,
chupándose ausentes y en familia de sus dedos
los diminutos estómagos de los caracoles,
tranquilos y en familia sin saber
que esa salsa sabrosa es en realidad sangre de poetas.


Y nosotras, lo sabemos. Pero pasando de todo.

Incluso, ya ebrios de cicuta, cianuro, estricnina y tinta,
a los postres, como una sandía podrida,
abrimos debate y coloquio para escupir nuestras pepitas palabras
en la cara delx otrx contagiando la viruela de los muertos vivos.

Y ya a solas en la mesa, nos catalogamos como especie,
nos clonamos como ovejas, nos erigimos como estirpe,
y lo sadocelebramos entre carcajadas como buenos caracoles zombies
que sueñan con ser burros de lomos plateados sobrevolando el mundo
y a la cama que mañana hay que currar de notario, hay que currar de cartero
hay que currar de profesor, hay que currar de banquero, hay que currar de escritor
hay que currar y currar arrastrando nuestra concha espiral por empresas
por atascos, por basureros y cajeros de supermercado.



 

2.

Nos deslizamos con sigilo zombie por entidades,
nos escondemos en fundaciones nos juntamos
en corros dentro de otros corros dentro de ateneos y salones
de actos de colegios universitarios, en los rincones más fríos,
los de luces más planas y pupitres más limpios
que nos ceden las facultades y los museos,
con públicos de cera y aplausos mecánicos y risas de hienas
y caras de harina y sueños en babia y lenguas de lija
y oídos de ratas y ojos de peces.

El poeta es el caracol zombie andrógino hermafrodita endogámico
con sus libros mongólicos y su yurta en el páramo
recitando a las nubes bajo un cielo de ripios.

Zombies poetas que ni morimos de hambre, joder, peor que las víboras
conspiramos en filo-logias y esculpimos estatuas para luego escupirlas y,
como murciélagos con plumaje de palomas,
nos cagamos en nuestros propios pedestales ante una mala crítica.

Manejando los hilos de las marionetas del mármol
damos conferencias donde llamamos
cardos resentidos a los lapos bulbosos
que resbalan sobre las flores secas
de nuestra oratoria industriosa y culta.

Pequeñxs poetas caracoles zombies
que clamamos a la llama como flama y pensamos que por ello
nadie nos negara el mechero cuando salgamos del aula
a fumar bajo el ozono azulado de nuestra aldea global,
de nuestra cultura oficial y su puesto de globos
con literatxs infladxs por el mismo gas que el Sol,
recubiertos de plástico con colores lisérgicos y obnubiladxs lectorxs
con las bocas, los culos y los coños abiertos como muñecas hinchables,
los penes pelados como plátanos negros, los labios vaginales inflados
como bocas de esclavas que estallan
entre tendencias y modas.

Los poetas caracoles zombies que reptan por la cultura,
mejor que yo lo dicen a este respecto Los Torreznos:

















LA CULTURA. Monotonta, heterofálica,
jugando al parchís puesta de hashís
flipando con cuatro colores, moviendo ficha
con torpes dedos de zombi resbalando por el tablero
y me como una y muevo 69 y entonces fantaseamos
con tumbarnos en el suelo y chuparnos las poyas de negro plátano
y succionar nuestros huevos de cóndor
y sorber el flujo de nuestras vaginas lagarto
hasta quedarnos pegados como un rosbeef baboso
que deja regueros(2) por blogs y tertulias por chats y cenáculos.
Oh, poetas, caracoles zombies.

Enarbolamos lo egos, como banderas apátridas, en actos benéficos
para causas emplumadas con palabras
mientras bailamos en círciulos ante el espejo de círculos
culturales, de jardines, juegos florales, festivales y teatros públicos
pintados con verde baba de caracol, con rojo menstruo de caracol zombie
o turbia rotura de aguas a punto de dar a luz
LA FAMA y levantar, sin callos en las manos, el alto muro
que guarde en lo profundo(3),
lo rico, lo enteramente rico del lenguaje popular:
las lenguas rosáceas de esos seres umanos que lo reinventan a diario.
Lenguajear! Lenguajear! Lenguajear! Lenguajear!


3.

Poetas, follemos con amor y dejémonos follar como monos
por la ignorancia, la misma ignorancia a la que le debemos
todo lo que sabemos y rompamos los limites del lenguaje.

Tomemos para nuestros recitales la garganta ajena
y para que resuene y se oiga tomemos
los mejores locales:
los estadios, los colegios, las plazas de toros, los canales de televisión,
los casinos, las discotecas...
Okupemos los lugares donde esta la gente
aunque no nos entiendan nos insulten nos maltraten nos ahorquen.

Expulsemos el éxodo de nuestras vidas, los versos errantes
hagámoslos sedentarios en los corazones de los cardiólogos y los chapistas.
Dejemos de celebrar soberbios nuestro ostracismo involuntario
de conformarnos con sentirnos protegidos en nuestros culos
como hemorroides, okupemos los plenos del congreso, la gran via,
las guarderías y las plazas del pueblo.

Allá donde un ejercito de incultos obreros e insensibles ingenieros de caminos
nos revienten a hostias como panes y sólo dejen de nosotros
un amasijo de huesos que despedacen los cerdos del ganadero.

Allá dónde el tonto del pueblo, el winner del instituto, el imbécil de turno,
el hincha de fútbol, el pobre del barrio, el sicario del club de campo,
el político corrupto, el putero machista, la jefaza aliendada que se dice feminista
el progre retrógado, el rector sin universitarios, la millonaria alcaldesa,
liberen todo su odio con patadas, mordiscos, gasolina y fuego.

Que nuestra aniquilación acabe con tanto miedo y tanta rabia,
de todxs aquellxs que no fueron queridos de pequeños.

Que exterminadxs lxs poetas caracolxs zombies
sea la catársis en la que se agote la crueldad del mundo.

Nuestras conchas hechas migajas serán la arena de las playas futuras
de Malibú y Bali. Volverán a llenarse los pozos de gas y petróleo
con la fosilización de nuestros cadáveres.
Que nos lleven a la extinción a nosotras las culpables, lxs poetas,
reptantes zombies, políticos poetas, caracoles babeantes de negra belleza
egomaníaca y vana.

Muerto el ave fenix del genio se acabó la rabia.

Muramos todos pues a manos de las verdaderas víctimas
que aquellxs que sobrevivan al “poeticidio” se suiciden
practicándose un pareado haraquiri, un soneto disparo,
unas redondillas pastillas ingeridas en silencio,
anónimxs, sin reconocimiento alguno.

Y quizás, de esta forma, exterminados del todo
todos lxs caracoles zombies de la poesía andrógina y hermafrodita,
nos demos cuenta(4) de que lo hicimos mal.
De que fuimos nosotrxs los culpables, únicamente nosotrxs los responsables
de que nadie, ni siquiera nuestrxs lectorxs,
que en el fondo, todas lo sabemos, éramos nosotrxs,
absolutamente nadie
en toda la humanidad entera
nos echará de menos .

(1) La misma poesía que reposa como polvo encima de los lomos
de todos los libros de todas las bibliotecas; como polvo
encima de todos los lomos de todos los libros de todos los estantes
de todas las librerías del mundo; como polvo digitalizado
en forma de pixeles negros de todos los ebooks
no descargados y de los descargados también.
(
2) Volando tweets como amarillos canarios o cotorras vivas aleteando frenéticas,
atadas a sus patas con una sirga dorada a su vez atadas a las patas de nuestras sillas y poltronas.

(3) La real academia de la zombilengua es nuestra fortaleza y a punta de verbo

y con oro de impuestos y financiaciones de bancos denominamos el mundo,
y así queda publicado en planchas de piedra al albor de los días
bajo el hipnótico graznido de los buitres negros de nuestro abecedario.

(4) Aunque sea demasiado tarde para darse cuenta de nada
o no importe porque ya estamos muertxs.





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